domingo 29 de noviembre de 2009

¿Y tú, de quién eres?

Con su personaje Augusto Dupin, Poe creaba un de los tipos característicos del género policiaco: el detective aficionado que utiliza la deducción para resolver el enigma y que, característica importante, deja en evidencia a la policía. Los personajes de Sherlock Holmes y Hércules Poirot están basados en él aunque con algunas diferencias: ambos son profesionales. Si Sherlock ridiculiza y deja en evidencia a Lestrade continuamente, nuestro detective belga, aún triunfando donde la policía fracasa, mantiene buena relación con ellos, incluso de amistad.
También son detectives privados el agente de la Continental, Sam Spade o Philip Marlowe, protagonistas de las novelas de Hammett y Chandler, respectivamente. En sus novelas el papel de la policía es de antagonismo con los protagonistas. Más que de antagónica, quizás podamos tachar de complicada (incluidos algunos aspectos sentimentales) la relación que con el cuerpo policial mantiene Kinsey Millhone, el personaje de Sue Grafton.
Pero el detective aficionado va a ocupar un papel estelar en el género detectivesco. La propia Agatha Christie esconderá a uno de ellos bajo la fachada de una dulce y delicada ancianita, Miss Marple. Otro detective aficionado oculto, en este caso por una sotana y aspecto de cura pueblerino es el Padre Brown.
Junto a ellos tenemos otro tipo de detective aficionado: personaje culto, rico, puede que incluso aristócrata, y lo suficientemente ocioso como para ver su colaboración con la policía como un entretenimiento. Sus representantes: Phylo Vance o Lord Peter Winsley, mi snob preferido.
Todos ellos, tanto los profesionales como los aficionados tienen en común su sagacidad y capacidad deductiva y que triunfan allí donde la policía no puede. Dependerá del autor ridiculizar en mayor o menor medida a la policía.
Quizás por ello durante mucho tiempo, el Comisario Maigret fue el único protagonista de los relatos policiacos que pertenecía a las fuerzas del orden público. Pero parece que poco a poco, va rompiéndose esa especie de tabú y comienzan a aparecer: el detective-poeta Adam Dalgliesth, Harry Bosch, la forense Kay Scarpetta, el comisario Montalvano, Brunetti, el comisario Pitt.
Alguno, como William Monk, comenzará siendo comisario de policía para abandonar el cuerpo y dedicarse después a la investigación privada (algo que comparte con Kinsey Millhone, aunque a ella la conocemos después de dejar la policía).
En la novela negra nórdica, tan de moda actualmente, también observamos que excepto en el caso de Larsson, los protagonistas son miembros de la policía nacional: Wallander, Gunnarstranda y Frolich, Erlendur Sveinsson (aún poco conocido).
Aquí en España, los autores parecen preferir a los detectives pertenecientes a la policía o cuerpos similares. A un cuerpo no demasiado bien visto -el de la Guardia civil- pertenecen Bebilacqua y Chamorro; con los que Lorenzo Silva ha contribuído a cambiar su imagen. Su antecesor, Plinio, tenía su particular Watson manchego. Por su parte, pertenece a la policía un recién llegado que ha conquistado el corazón de todos los que lo leímos: Leo Caldas; a ese mismo cuerpo pertenece la inspectora Petra Delicado. Y entre los detectives privados patrios, el más famoso y puede que más antiguo es Pepe Carvallo (con Maigret, Montalvano, Brunetti, Leo Caldas, forma el grupo de los detectives "fartones")
Para poder desalojar a los intrusos que se empeñaban en ocupar el Rincón Musical no ha habido otra solución que llamar a The Police

P.D: para no llenar la entrada de enlaces, os remito al blog de Alice Silver y a las que yo dediqué a algunos de estos autores.

viernes 27 de noviembre de 2009

Capítulo V: Perdidos en el espacio (2ª parte)

De Robert Henlein (1907-1988) destacan sus novelas premiadas Estrella doble (de 1956 )sobre estrellas de la escena no del espacio. Trata el tema de la dualidad de la personalidad. Tropas del Espacio ( de 1960), reflexión sobre la pena de muerte y la guerra. Forasteros en tierra extraña (de 1962) viajes a Marte y tensiones sexuales. Esta novela fue recortada por la censura y luego restaurada.
Como me está saliendo un artículo demasiado extenso, dejemos para mejor ocasión la situación de la CF actual y únicamente contaré algunas curiosidades.
La primera es Más allá del planeta silencioso (1938), de C.S. Lewis (1898-1963), historiador y crítico literario, famoso por ser el autor de las Crónicas de Narnia y por ser muy amigo de J.R.R. Tolkien. Se trata de la primera novela de la llamada Trilogía Cósmica, del tipo científico loco más viaje espacial, narra un viaje a Marte, donde conviven en paz y armonía tres especies inteligentes muy diferentes entre sí. El protagonis
ta es un filólogo, lo cual parece un acierto para comunicarse con seres extraterrestres. Los marcianos son tan buenos que resultan vulnerables. El malo es el científico loco. Los marcianos están en sintonía con el bien, mientras que la tierra se alinea con el mal. Es un relato excelente. La segunda novela de la trilogía, un viaje a Venus de 1943, es una evidente transposición de la tentación de Eva de la Biblia. La descripción del planeta Venus es muy interesante, pero la trama canta un poco con tanta Biblia. De momento no he leído el tercero.
La segunda curiosidad es la serie de novelas de este género escritas por Edgar Rice Burroughs (1875-1950), el autor de Tarzán. Incluye un montón de títulos agrupados por series (Marte, Venus, Luna, Pellucidar,…) ingenuas y simples, pero de gran imaginación.
La tercera y última curiosidad es la obra de William Burroughs (1914-1997), el de la Generación Beat, con sus obras de la llamada serie viral: El almuerzo desnudo (1959, el ensayo La revolución electrónica (1970), El lugar de los caminos muertos (1984), etc. En ellas, los humanos o los extraterrestres están afectados del peligroso virus del lenguaje y se enfrentan entre sí para destruirlo. Supone una radical renovación del género, no siempre fácil de leer.

Termina aquí la miniserie (no tan mini) sobre ciencia-ficción. Tan solo queda darle las gracias al autor de la misma (al que además tendré que invitar a unas sidras); decir que además de disfrutar con mi papel de editora, aprendí un montón sobre lo relacionado con la ciencia-ficción y esperar que la experiencia os haya parecido interesante.


Me parece que no os será dificil adivinar quien ocupa el Rincón NO-Musical.

jueves 26 de noviembre de 2009

Capítulo IV: Perdidos en el espacio

Arthur Clarke, además de novelista y divulgador, posee prestigio como científico. En 1945 propone la viabilidad de situar satélites artificiales en órbita geoestacionaria. Es suya la célebre frase conocida como tercera ley de Clarke: “Cualquier tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Su estilo como escritor es más “pausado” que el de Asimov. Sus novelas (al menos las que yo he leído), son menos trepidantes que la mayoría de las de otros autores. Su obra es muy extensa. En mi opinión destaca 2001: Una odisea espacial de 1968 que está basada en un relato corto anterior del propio autor, El Centinela de 1953. Creo que 2001 sería una obra maestra si no fuera por ese extraño final exagerado, psicodélicamente, hasta el infinito en la película de Kubrick. En la novela es más sobrio. Posteriormente, Clarke escribió tres secuelas (2010: Odisea dos, 2016: Odisea tres y 3001: Odisea final) de menor calidad. En cualquier caso, en toda la saga, la precisión de la descripción científica y la verosimilitud está muy cuidada. Yo creo que esto es un valor, pues este género es CF, no literatura fantástica. Después de su lectura uno se queda sobrecogido por la pequeñez del ser humano en la inmensidad del universo y del tiempo. Clarke, sobre todo, plantea las preguntas clásicas del humano: ¿quiénes somos?, ¿adónde vamos? y ¿de dónde venimos?, muy frecuentes en la CF, pero pocas veces con la maestría de 2001.
Cita con Rama, de 1972, es una de las novelas de CF más premiadas. Desarrolla el tema del impacto de un meteorito y los esfuerzos de la humanidad para la detección del próximo, que resulta ser una nave construida por una civilización superior. Ahí es nada, los desastres y los encuentros en la misma novela. Tiene tres secuelas también de menor calidad.
Fuentes del Paraíso, de 1979, también tiene diversos premios. Es del tipo “artefacto o mecanismo”: un ingenio (tipo ascensor espacial) para subir cómodamente a su órbita geoestacionaria. Con este pretexto, Clarke, nos habla de Dios y de las religiones; de la tradición frente al progreso; de pasado, presente y futuro. También introduce contactos con civilizaciones superiores. Al igual que las dos anteriores, con una gran calidad científica.
El Viento del Sol, de 1972 es un libro de relatos cortos muy afamado porque casi todos precedieron en el tiempo a inventos o descubrimientos posteriores.


Un breve comentario sobre Asimov y Clarke. Ambos estaban dotados de un fino olfato de anticipación. En sus novelas hay notables éxitos de predicción de inventos e incluso costumbres sociales. Se puede ver, por ejemplo, algo parecido a Internet en varios relatos de décadas anteriores a la creación de la www (1989). Pero en lo que ambos fracasaron estrepitosamente fue en el papel de la mujer. Aunque sitúen la acción en el siglo XXII o en el XXX, la mujer se ocupa de tareas del hogar, le gusta comprar y pintarse las uñas y tiene un papel siempre secundario, o bien, es la causa de problemas cuando el protagonista se enamora. En fin, fueron hombres de su tiempo y de su educación. Nadie es perfecto.

Mi propuesta para el rincón musical no podría ser otra que el glorioso principio de Así habló Zaratrusta de Richard Strauss utilizado por Kubrick en la película 2001

martes 24 de noviembre de 2009

Capítulo III: Más ciencia, ¿menos ficción?

A finales del XIX y principios del XX, la ciencia experimentó un espectacular avance en varios campos, especialmente en los de la física de partículas (mecánica cuántica), física del universo (teoría de la relatividad), y varias áreas de la química y la biología. Una consecuencia lógica, en mi opinión, es el florecimiento del género. Empezaron a dedicarse a la CF autores con una sólida formación académica, destacando sobre todos Asimov (1920-1992) y Clarke (1917-2008). Estos dos, junto con Robert Heinlein (1907-1988) suelen ser considerados como los tres autores de CF más importantes. Isaac Asimov tiene un estilo muy ágil y dinámico, se lee con facilidad. Es un autor muy prolífico. Escribió, además de CF, divulgación científica, divulgación histórica, novela policíaca y de misterio… Soy de la opinión de que, en el fondo, Asimov era un gran conversador (o un gran charlatán) y de que, careciendo del auditorio necesario, se dedicaba a escribir todo lo que se le ocurría. En cuanto a su obra de CF, procura mantener el máximo de rigor y verosimilitud científica; sin embargo, esto no condiciona la trama, sino que el tópico científico propuesto es punto de partida para explorar el comportamiento humano en situaciones nuevas.
Destaca
n sus relatos de robots (Yo, robot, 1950; Las bóvedas de acero, 1954, con la que inaugura la ciencia ficción policíaca, El sol desnudo, 1957, etc.). En un relato de 1942 enuncia las llamadas Tres Leyes de la Robótica (1ª. Un robot no puede dañar a un ser humano, ni por omisión dejar que este sufra daño. 2ª. Un robot debe obedecer a todo ser humano, excepto en lo que contradiga la primera ley. 3ª. Un robot no puede dañarse a sí mismo, excepto en lo que entre en contradicción con las dos leyes anteriores). Estas tres leyes están siendo consideradas actualmente ante los avances que se dan en Inteligencia Artificial, como referencia para marcar los límites técnicos y éticos de los futuros robots..
En la serie de las Fundaciones o Ciclo de Trántor (Fundación, 1951; Fundación e Imperio, 1952; Segunda Fundación, 1953; Los Límites de la Fundación, 1982 y Fundación y Tierra, 1986) se propone otro tema recurrente: la civilización humana extendida por toda la Galaxia en un futuro lejano. Crea el término y el concepto de la psicohistoria, una técnica de predicción del comportamiento estadístico a partir del análisis psicológico de las poblaciones a lo largo de la historia. En un sentido diferente, el término ha sido adoptado por los historiadores.
En El fin de la Eternidad, 1955, explora las posibilidades de los viajes a través del tiempo, sus paradojas y sus consecuencias sociales. Existe una especie de organización paralela y semisecreta (La Eternidad) que, en el fondo, gobierna el mundo mediante la estrategia de introducir cambios en el pasado para cambiar el curso de la historia. Esta novela, enlaza con la llamada ciencia ficción social, de la cual los mejores ejemplos son Un mundo feliz (1932) de Huxley, 1984 (1948) de Orwell,
Faherenheit 451 (1953) de Ray Bradbury y La Naranja Mecánica (1962) de Anthony Burgess. Para este subgénero se ha acuñado el término de novela distópica, por contraposición a utópica. A quien le sorprenda ver estos títulos entre los de CF, le remito a las difusas fronteras de los géneros literarios.
El Fin de la Eternidad es para mí la mejor novela de Asimov, aunque la serie de las fundaciones están consideradas comúnmente como la mejor serie de CF de la historia.
Viaje Alucinante, 1966, fue escrito por Asimov, por encargo, a partir del guión de la película del mismo título. Es una “alucinante” lección de anatomía y fisiología humanas desde dentro. Un submarino miniaturizado con varias personas a bordo (entre ellas Rachel Wells, en la película) recorre el interior del cuerpo de un científico. Esta novela es un producto evidente de la guerra fría de entonces. La posición del autor es la de un patriota norteamericano.


El rincón musical de este capítulo está inspirado en el propio Asimov: I, Robot, de Alan Parsons Proyect

sábado 21 de noviembre de 2009

¿Inocente o culpable?

En una época en que por un “quítame allá esas pajas” se va a los tribunales, no he podido por menos de someteros a Juicio Sumarísimo . Como todo acusado tiene derecho a conocer los cargos que se le imputan, para poder alegar lo que considere oportuno en su defensa; he aquí las acusaciones que penden sobre vosotros:
Desde que comencé a caleyar por la blogosfera y fui conociéndoos , entre los caminos que me llevan a Roma (o a un libro) tuve que añadiros a a vosotros (más que un camino casi diría que sois una autopista literaria). Con vuestros comentarios, reseñas y sugerencias no solo me habéis hecho leer un libro, conocer a un autor, dar una segunda oportunidad a alguien por quien no tenía demasiado aprecio sino que incluso, de alguna forma, estáis presentes cuando voy a la biblioteca o a la librería.
Escuchados los cargos y sopesadas las pruebas, el veredicto es de CULPABILIDAD:

Homo libris: culpable de que haya leído El club de los negocios raros, de Chesterton; también la trilogía de los Viudos Negros (aquí compartes culpabilidad con Lucía, quien me dejó los libros) o que haya “rescatado” Pedro Páramo de casa de mis padres.

Ale: culpable de incitarme a la lectura de Como agua para Chocolate, La Loca de la casa y La Cocina del Azafrán y a comprar Teaching with love,

Isi, por “tu culpa” compré Desgracia, de Coetzee; además eres corresponsable con Teresa de que quiera leer Corazones Helados, a pesar de que Almudena Grandes me cae mal

Teresa, además de la culpabilidad compartida con Isi, con tu reseña has provocado que quiera leer La Formula preferida del Profesor.

Tras leer los comentarios tan elogiosos de R y Maribel sobre Pamuk y a pesar de mi desastroso primer encuentro con él , me planteo volver a intentarlo de nuevo. También han hecho que me pregunte por qué no soy tan entusiasta como ellos de Saramago o Vargas Llosas.
Fue el recuerdo de algunos comentarios de Maribel el que hizo que Una noche sin luna, me llamara cuando lo encontré en la biblioteca (Hay quien cree que los libros son objetos inertes, que no hablan ni te llaman, ¡cuán equivocados están!)
Por su parte R, a pesar de mi opinión sobre el lusitano, me ha incitado a que pruebe a leer Historia del cerco de Lisboa. ¿Tendremos que considerar tal recomendación un agravante?

Alice Silver tiene que hacer frente a varios cargos. No solo está imputada por hacerme miembro fundador del club No doy abasto (creado para incluir a todos aquellos que nos sentimos incapaces de leer a todos los autores y detectives que ella desde su estupendísimo blog nos presenta). Además es la responsable de que Domingo Villar, entre otros, entrara en mi vida lectora.

Nadie es inocente: Discreto Lector, me ha empujado a decidirme a leer por fin Las Uvas de la ira o a incluir en mi lista de la compra a M. Pètit con El arte de la lectura en tiempos de crisis o La Literatura en peligro, de Todorov. Por Leox, compré una novela negra de Roberto Ampuero o incluí a Puig entre los autores a descubrir. Loquemeahorro, además de hacerme reir hasta saltárseme las lágrimas, ha hecho que quiera releer a Jardiel Poncela. xGaztelu me empuja hacia Memorias de un Europeo, de Zweig y a retomar Vida y Destino; además de hacer que mi afición por la arquitectura se acreciente. HLO, que quiera conocer a Cordelia. Alienor me tienta continuamente con libros interesantísimos de campos ajenos a la literatura.
Podría seguir mencionándonoos a quienes teneis blogs (Hilario, Elween, Gww, …) y a quienes sin tenerlo participais con vuestros comentarios (Ana -madre de Isi- Boga Vante, Inma, ...) en éste u otros blogs y enumerar muchos otros títulos; pero además, tendría que añadir películas, música o incluso recetas de cocina. Y claro, no puedo por menos de preguntarme ¿y ellos –o sea, vosotros- a quién acusarían? ¿Seré yo la culpable de alguna de vuestras lecturas?

Hoy incluso el Rincón Musical es Guilty

jueves 19 de noviembre de 2009

Capítulo II: ¿Ciencia o ficción? (2ª parte)

Me parece que creé demasiadas expectativas con el escritor misterioso. Para que la decepción no sea tan grande, desvelo ya su identidad.
El segundo es H. G. Wells (el maestro Wells, en opinión de Arthur Clarke, de Isaac Asimov y de Jagc). En solo tres novelas de gran calidad literaria, establece el canon en tres de los tópicos de la CF: el encuentro – en este caso, una invasión- con extraterrestres (La guerra de los mundos, 1898); el viaje a través del tiempo (La máquina del tiempo, 1895); y el invento o descubrimiento extraordinario del científico solitario o medio loco, en la línea del Frankenstein (El hombre invisible, 1897).
Las tres novelas permiten lecturas distintas. La guerra de los mundos es un alegato antiimperialista, La maquina del tiempo presenta el tema de la lucha de clases y El hombre invisible los límites éticos de las obras humanas (nuevamente en la línea del Frankenstein). Notaréis la relación de estas dos obras con el Dr. Jekyll de Stevenson, (1886). Los géneros literarios suelen tener fronteras difusas. Si hablamos de los viajes a través del tiempo, en realidad a Wells le ganó Mark Twain con su Un Yanki en la corte del rey Arturo que es de 1889.
Aprovechando el pie que me da Homo Libris en uno de sus comentarios, incluyo una toma falsa:
Al dividir el artículo, había una frase (al final de este primer capítulo) que quedaba fuera de lugar: También se aprecian elementos de ciencia ficción en Poe. En el correo de respuesta a mi sugerencia de suprimirla, Jagc decía:
Si la frase es (...) es perfectamente prescindible. Estaba pensando en que sorprendería
ver a Stevenson o a Mark Twain citados en un escrito sobre ciencia ficción y me
acordé de Poe, que aún chocaría más. Por cierto, un relato de Poe, "Maelstrom" o
algo así, inspiró a Clarke para otro de sus cuentos cortos.

Dos días después, me encontré una mención a una recopilación (descatalogada) de relatos de CF de Poe y ahora lo cita Homo Libris
Para el rincón musical, una nueva aportación de Jagc; Led Zeppelin&Pink Floyd

lunes 16 de noviembre de 2009

Capítulo I: ¿Ciencia o ficción?

Aquellos lectores a los que no les gusta la ciencia ficción (en adelante CF), suelen argumentar que se trata de un genero literario menor. Pues bien, es cierto; uno no se imagina a Goethe o a Proust escribiendo CF. Aunque bien pensado, si Borges escribió novela policíaca, no veo por qué a estos dos se le iban a caer los anillos por escribir CF. Pero, en fin, las cosas están así.
Para empezar, se puede hablar de los orígenes de la CF, y ya sólo con eso nos liaríamos hasta el infinito. Cualquier relato que incluya un artefacto o mecanismo novedoso, inverosímil o desconocido en la época, o bien, cualquier intento de trascender las limitaciones físicas de los seres human
os de cualquier época, sería un antecedente de la CF.
Sólo para acotar el asunto, aceptemos la versión más comúnmente aceptada que sitúa el origen de la CF en el Frankenstein de Mary Shelley de 1818. Esto tiene dos ventajas. Por un lado limita el estudio a sólo los últimos doscientos años y, por otro, me permite retomar algunos de los argumentos expuestos en otra entrada en la que ya se habló de esta obra.
Es cierto que la novela de Mary Shelley es también una novela gótica, romántica y/o de terror, pero es indudable que se trata de CF pues establece dos de los paradigmas de este género: un descubrimiento científico (la electricidad como fuente de vida) y las consecuencias personales para el descubridor y sociales para el resto de la población de ese descubrimiento. Durante doscientos años, ese enfoque ha seguido dando lugar a las mejores obras de CF. A diferencia de la mayoría de los autores posteriores,
Mary Shelley no hace el menor intento de “explicar científicamente” el descubrimiento. Naturalmente esto se debe a la escasa formación científica de la autora, una persona culta pero con limitaciones en esta área.
En el resto del siglo XIX, sobresalen dos autores. El primero es Julio Verne (Viaje al centro de la tierra, De la tierra a la luna, Cinco semanas en globo, Veinte mil leguas de viaje submarino…) cuyas obras son verdaderamente de “anticipación”. La mayoría de los inventos imaginados por Verne, serían fabricados pocos (el globo aerostático o el submarino) o muchos (el cohete lunar) años después. Supongo que ya conoceréis estas novelas. Sus tramas son sencillas y se considera literatura juvenil y de aventuras. Sin embargo, os recomiendo una vuelta “adulta” a la lectura de Veinte mil leguas…, con un personaje (Nemo) con claroscuros y menos plano de lo que suele ser habitual en este autor.
¿Quién es el segundo autor? Lo sabremos en la segunda parte de este capítulo.
En el Rincón musical Tangerine Dream ¿Os parece una buena elección?