Porque nosotras lo valemos.

 En una búsqueda en unos padrones antiguos, intentando localizar a una persona, me encontré con esta relación, que es de finales de los años 50 del pasado siglo. Las mujeres que se casaban, pasaban a estar sometidas, al menos legalmente,  al marido. También tenían que dejar su puesto de trabajo, independientemente de su valía profesional. Piensas en esas cosas y te das cuenta de que aunque quede mucho por conseguir, también ha sido mucho lo logrado.  

  No parece muy apropiado comenzar una entrada dedicada al día de las mujeres hablando de un hombre pero soy así de grandona, que para eso soy asturiana. Pensando en los posibles contenidos para este especial no pude dejar de recordar a Ibsen al que podría considerarse el primer feminista. En Casa de muñecas ya reivindica que la mujer es mucho más que que madre y esposa. Os recomiendo su lectura si no lo habéis hecho; también podéis leer la entrada que le dediqué
 
H: Ante todo eres esposa y madre
N: Yo no lo creo así: Lo que creo es que ante todo soy un ser humano, yo exactamente como tú… o en todo caso, que debo luchar por serlo. Sé perfectamente que la mayoría te dará la razón, Torvald y que algo así se lee en los libros. Pero ya no puedo contentarme con lo que dice la mayoría ni con lo que se lee en los libros. Debo pensar por mi misma y ver con claridad las cosas
   
  Una de las biografías que había seleccionado para incluir en el especial  era la que Laura Claridge escribió sobre Tamara de Lempicka.  Una vida de decó y decadencia, publicada  por Editorial Circe -(esa misma editorial publicó Mary Wollstonecraft. Mary Shelley, de Charlotte Gordon).
 

 La biógrafa sabe hacer un retrato objetivo de Lempicka, con sus luces y sus sombras; una mujer fascinante y también contradictoria. Su amor por el lujo, las fiestas y sus aventuras sexuales opacaron su obra e hicieron que no se la tomara tan en serio como pintora. No  fue la única a la que le sucedió; Claridge  comenta, al hablar de la etapa de Tamara en París y su participación en los Salones de otoño, como en Francia las artistas eran menos consideradas que sus compañeros hombres; como si ellas pintasen más por divertimento. 

 Algo por el estilo le sucedió a María  Blanchard, a la que descubrí por casualidad, quien tuvo un papel destacado en el desarrollo del cubismo  y fue opacada por  la figura de Juan Gris, condenándola al olvido.  Baltasar Magro ha publicado recientemente una novela sobre ella, con el metafórico título de María Blanchard, como una sombra  que viene a cubrir un poco la ausencia de biografías y también a reivindicar a una injustamente olvidada pintora. (Quizás ahora con la  compra de un cuadro suyo por El Prado y consiguiente sorpresa del Reina Sofía se empiece a oír hablar más de ella)

Cuadro de María  Blanchard 

  Hace unos días encontraba esta cita que tenía apuntada: 
 (…) es cierto que la tendencia a reducir las obras de arte pintadas por mujeres a sus datos biográficos resulta nauseabundamente familiar. La biografía también está presente en las interpretaciones de las obras pintadas por hombres (…) pero a ellos se les permite trascender sus circunstancias de un modo que a las mujeres artistas no les es permitido. (…) Por otra parte, todo artista lleva incorporados recuerdos –recuerdos de hábitos, recuerdos autobiográficos conscientes y recuerdos emocionales- y es absurdo suponer que estos no influyen en la obra junto con la memoria cultural y colectiva

(Hustvedt, Siri: La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres. Ensayos sobre feminismo, arte y ciencia. pag. 357)

  Al releerla me acordaba de las dos pintoras arriba mencionadas.  A una se la olvidó por el simple hecho de ser mujer  y a la otra, se le recuerda más por motivos ajenos a lo estrictamente pictórico. Precisamente Siri Hustvedt, a la que tuve la suerte de escuchar  cuando vino a recoger el Premio Princesa de Asturias de las letras 2019,  ha tenido que enfrentarse a que se la valorase en función de su marido, el también escritor Paul Auster. Ha demostrado de sobra que aún estando casada con él no es  la mujer de sino una estupenda escritora.  


 También podía ser podía ser esta una buena fecha para hacer un comentario sobre Penélope y las doce criadas, de Margaret Atwood.  Un libro breve, que  rememora el mito de Odiseo pero esta vez desde el punto de vista de Penélope, la sufrida esposa que por la noche deshilaba lo que había hilado durante el día, mientas esperaba pacientemente el regreso de su marido.
Carmen Machi en un momento de su monólogo

  Penelope aprovecha que ya está muerta para dar su versión de la historia, y con gran carga de ironía, desmontar un poco el mito de su marido. Como menciona con cierta frecuencia a su prima Helena, me acordé de  Juicio a una zorra, un excelente monólogo escrito por Miguel del Arco e interpretado por Carmen Machi. 

  Helena, la mala, la culpable, la causante de la guerra de Troya; así dice la historia.  En la obra de Miguel del Arco, Helena, como su prima en el libro de Atwood, quiere contar su versión. Siempre se dice que la historia la escriben los vencedores; en cualquier caso, al menos hasta ahora, tal como nos demuestran Penélope y Helena, la han escrito los hombres. 

   ¿Por que no hablar de dos libros que me han llamado la atención y que ya ocupan un lugar en mi lista de lecturas apetecibles y candidatos para el Día del libro? Se trata de El baile de las locas, de Victoria Mas, publicado por Salamandra. Puede que sea por la influencia de La madre de Frankenstein pero  me apetece mucho leerlo. 

  Me  hace pensar en cuantas mujeres habrán sido encerradas en un psiquiátrico porque su padre, hermano, marido, ... quería quitarlas de en medio para poder vivir tranquilamente con su amante, quedarse con su herencia o simplemente porque le molestaba. Eso ya lo hizo  hace unos cuantos siglos Fernando el Católico, que  mandó encerrar a su hija de por vida el castillo de Tordesillas; pasó a la historia con el poco caritativo apodo de Juana La Loca (mientras que su marido lo hizo con el de Felipe el Hermoso)  Enrique VIII, más expeditivo, prefería decapitar a la esposa molesta...

  El lunes nos querrán, escrito por Najat El Hachmi, y ganador del premio Nadal 2021. La autora fue entrevistada en Página 2. Lo más fácil será que ponga el enlace al programa para que lo veáis; quizás así también a vosotros os despierte la curiosidad. 

   Estos eran los posibles temas en que había pensado para dedicar una entrada especial al Día de la mujer trabajadora, pero no he podido decidirme por ninguno. Lo que si tengo claro es que como  es mi día, nuestro día. voy  a celebrarlo de alguna manera porque yo lo valgo; nosotras lo valemos. 

¡Feliz día de la mujer! (qué es este y los otros 364 del año) 

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