lunes, 14 de junio de 2010

De la profe, sus alumnos y unos libros.

 ¿Os acordáis de la profe? Nos dió su opinión sobre la educación y nos contó una experiencia lectora que llevó a cabo en clase. Ahora le he pedido que  comparta con nosotros otra vivencia que me parece muy, muy especial.


Las uvas de la ira: Una segunda parte.
El final del curso se acercaba para segundo de bachillerato una vez más.Desde hace años regalo un libro, Senderos de libertad de Javier Moro que narra la vida y el asesinato de Chico Mendes, seringueiro y defensor de la Amazonía, a quien haya obtenido la mejor calificación final en Ciencias de la Tierra y del Medioambiente.

Las uvas de la ira seguían presentes en nuestras sesiones… Me apetecía regalárselo al alumno al que le encantaba escucharme. ¿Y El río amarillo a quién trabajó el paisaje?¿Y por qué no también El bosque animado que habla de la floresta de Cecebre a quién expuso el tema de “Recursos forestales”? ¡Pero si a Beatriz le encanta la ciencia ficción! ¿Cómo no a ella Un mundo feliz que también leo con otro grupo?
¿Y por qué no regalar un libro para cada uno? La idea iba creciendo en mi cabeza, dándole vueltas, pero  titubeaba. - ¿Será buena idea? ¿Les parecerá un coñazo? ¡Puf!, dirán, un libro más. Hasta que lo comenté con Lammermoor. Os podéis imaginar la respuesta:  -Por supuesto, me parece una idea estupenda, yo te ayudo en la elección de los títulos, les encantará…

Lo difícil era saber qué libro para cada uno. Algunos títulos o autores los tuve claros desde el principio. Pero otros se me escapaban, nueve meses, cuatro u ocho horas a la semana, no son suficientes para conocer bien a veintiséis personas sobre todo si son tímidas o no tienen personalidad acusada. Le pasé una lista a Lammermoor con sus rasgos más significativos y ella me sugirió algunos títulos ayudada por una de sus libreras de confianza (gracias). Incluso estuvimos juntas comprando los últimos ejemplares; mi hija también colaboró encantada.

Mi idea era que los autores fueran de “escrita” castellana ya que estamos en un centro en el exterior cuya finalidad es, entre otras, la difusión del español. Y prácticamente así fue. Enumerar cada libro es un poco pesado pero os diré que estaban Delibes –cómo no-, Carmen Laforet, Vargas Llosas, García Márquez, Manuel Rivas, Llamazares, Julián Ayesta… 

 Una larga lista en la que traté de reunir aspectos de la personalidad de cada uno, un poco de la materia que habíamos compartido, un mucho de ilusión y sobre todo ofrecerles un rato muy agradable de lectura. Para que recordaran durante años a esa profe que no solo les explicaba CTM sino que también les hablaba…de hacerse personas, de crecer, madurar y aprender a disfrutar de la cantidad de cosas diferentes que nos ofrece la vida. La literatura por ejemplo. Para que aprendieran también que “ser de ciencias” no está reñido con la sensibilidad o el gusto por el arte, ¡cuán lejos de la realidad!

Es tradición aquí que los alumnos inviten a una cena a sus profesores de los últimos años, en su despedida del centro, donde la mayoría ha estudiado durante quince largos cursos. Para ellos es realmente un fin de etapa, el final de su infancia y adolescencia.¿Qué mejor ocasión pues que aprovechar ese momento para ofrecerles mi regalo?

A los postres reuní a todo el grupo en una mesa discreta y le fui entregando a cada uno su libro en el que había escrito unas palabras, que me resultaron más fáciles de encontrar de lo que pensaba. Bueno, he de confesar que no en todas las ocasiones lo fue. Eso sí, cuando empezaba a escribirlas me salía de un tirón.

Los muchachos, las muchachas –no utilizo el lenguaje “políticamente correcto”, es que llegaban en oleadas, tal y como lo hacían en clase- estaban sorprendidos; algunos se reían con las dedicatorias. Todos me daban un beso al recibirlo, incluso los más tímidos. Fue emocionante, incluso me tembló la voz cuando les dije que me había gustado mucho ser su profe de “biologíayceteeme” (también hay suspensos, no creáis).

Al día siguiente uno me confesó que estaba emocionado porque ¿cómo era posible que una profesora que solo lo había sido durante un año pudiera haber sabido que realmente él era “un príncipe destronado”?. Lo que no sabe es que 30 años de profesión enseñan mucho y como dice mi madre, “más sabe el diablo por viejo que por diablo”.

Al alumno “escuchador” le regalé Veinte poemas de amor… Antes le leí uno en voz alta. De despedida.

En los días siguientes, al encontrarme en el centro me van diciendo:
- Profe, ya he empezado a leer el libro.
- Tenía muchas ganas de leerlo, andaba por casa –alguien se lo dejó por allí- y me apetecía; ahora tengo el mío

¡Y qué cosas! El alumno que recibió Derrumbe me lo regaló en portugués porque su madre es la traductora de Menéndez Salmón. ¡Casualidades de la vida! Y  Lammermoor verde de envidia.

En el Rincón Musical una canción de Maná que también habla de Chico Mendez: Cuando los ángeles lloran

16 comentarios:

Alice Silver dijo...

Sólo puedo comentar que me ha parecido una historia preciosa y que mis felicitaciones a la profesora y su consejera.

Jose Ignacio Escribano dijo...

Aunque no suelo hacer muchos comentarios en tu blog siempre lo leo con atención. También quiero agradecerte tus comentarios.

loquemeahorro dijo...

Me encanta esta iniciativa y la acogida que ha tenido. Felicito a la profesora (y a su colaboradora) porque es una idea genial.

Da gusto ver que hay gente que sigue luchando por la calidad de la enseñanza y no se queda en el típico derrotismo tan habitual.

Felicidades.

Sol dijo...

Pues sí, me parece una idea estupenda, y aunque sea un dispendio, es una manera de conseguir que se acuerden de ti toda la vida (y de que no sea por lo cardo que eras como profe) y de incitarlos a la lectura. Enhorabuena a la profesora.

Amando Carabias María dijo...

Me ha parecido preciosa la segunda parte de la historia. Me recuerda esta profesora, a una amiga mía que también da clases fuera de España y muestra la misma pasión por su alumnos, muy por encima de lo 'políticamente correcto'. Para ella, como para tu amiga y artista invitada, son personas a quien hay que preparar y a quien hay que querer. Y el primer paso, sin duda, es conocerlos, y aunque sea cierto que la experiencia es un grado (en la docencia muchísimos), que en un sólo curso conozca tan a fondo a veintiseis alumnos da buena muestra de cómo es tu amiga.
Un beso para ambos y gracias por tan conmovedora historia.

Inma dijo...

Me ha encantado la historia. Qué tierna y qué potente. A los alumnos les habrá encantado y además están terminando esa edad en la que encontrar un adulto que los respete con mayúsculas les es difícil.

Hoy han celebrado el cumple de mi hija en la clase y les hemos llevado un cuento a cada niño. Habrá que ir haciendo camino...

lammermoor dijo...

Se supone que la primera en comentar iba a ser yo porque iba a publicar la entrada por la noche pero no me pude aguantar. Y en ese primer comentario iba a explicaros algunas cosas que no quise incluir en la entrada, así que aquí va esta especie de "Así se rodó..."

Al principio, cuando estabamos comprando los últimos libros y decidiendo cual era para cada alumno, le pedí permiso para contarlo en el blog. Me dijo que sí pero después de la cena -como si sus alumnos fuera a leerme-

Luego pensando sobre ello, me pareció que era ella quien tenía que contarlo. Y ya, cuando hablamos y me contó como había sido todo, se lo dije. Por cierto, estaba realmente entusiasmada y emocionada mientras me lo contaba.

Supongo que estaría nerviosa pensando si habría acertado o no porque también yo lo estaba.

¡Ah! y un par de cosillas más. Así como en la "primera parte" -leerles las Uvas de la Ira en clase- si que la animé porque no estaba convencida; esta vez, cuando me lo comentó ya lo tenía claro. Y él ofrecimiento de ayuda no fue tal; más bien un necesito que me ayudes con una idea. Algo que por supuesto hice encantadísima.

Y sí, estoy verde de envidia. No me parece justo. O sea, que Ricardo Menéndez Salmón no me lee, y luego a la que le regalan un libro suyo en portugués es a la profe ¡Manda carallo!

Isi dijo...

Es estupendo que la idea fuera bien acogida! Lo que sí me parece difícil es elegir un libro para cada uno... pufff.
Me alegro de que tenga tan buena relación con los alumnos, con los que al fin y al cabo comparte muchas horas por semana.

fab - golem dijo...

Es una bonita historia. La verdad es que no hay nada mejor que encontrarse con un buen profesor en el camino. Hace muchos muchos años, en sexto de bachiller, con 16años, alguién que recuerdo perfectamente, me descubrió en clase de Lengua española "Cien años de soledad". Nunca olvidé aquellas primeras palabras, aquel "muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía...........". Y hasta hoy. Aquí estamos, con el plan infinito.

Saludos.

lammermoor dijo...

Alice me alegro de que te haya gustado.

Jose Ignacio mis comentarios (supongo que te refieres a mi respuesta a Fab-Golem) fueron sinceros.

Loque a mí me encanta que te encante- y seguro que también a la profe.

Sol un poco dispendio si que fue -sobre todo porque con tanta visita a librerías se me fue la mano con las compras propias. De todas formas, mi librera le hizo un descuento. ¡Lo que es muy de agradecer!

Amando tanto hablar (mal) de la juventud y luego te das cuenta de que la mayoría son unos chavales magníficos, que quizás necesiten algo menos de mimos y algo más de disciplina y un mucho de cariño.

Inma estoy segura de que los alumnos se sentirían felices. Por lo que me contó la profe, no creo equivocarme.
Y siempre es bueno acercarles los libros y que los sientan como algo que esta ahí cerca.

Isi fue dificil pero divertido. Me sorprendí a mi misma pensando en si habríamos acertado o no.
¡Me hubiera gustado tener una profe así!

Fab los buenos profesores nos marcan para siempre. Ya sean de lengua, CTM o de historia.
Veo que también eres de los del plan infinito :-)

Jose Ignacio Escribano dijo...

Precisamente por eso te los agradezco.

bibliobulimica dijo...

Profe:
me encantaría que mis hijos fueran tus alumnos y pudieran beneficiarse de ese amor tuyo por enseñarles no sólo el currículum del curso, sino esos extras: convertirse en personas, disfrutar y celebrar la vida.
¡Que anécdota tan hermosa! seguramente recordarán esto y ese libro dedicado por alguien que se tomó el cuidado de pensar en cada uno de ellos de manera personal, será un tesoro en los años por venir.
¡Que bien Lamermoor que ayudaste en la elección de títulos!

lammermoor dijo...

Ale la verdad es que estoy muy contenta por haber podido ser partícipe. :-)

maribel dijo...

Felicidades Lammermoor a las dos por esta entrada. Me devuelve la confianza.
Me identifico con tu profe, entiendo los nervios, la selección, por cierto impecable, las ganas de llegar a cada persona y a cada personalidad; y !bravo!, hay más gente que defiende la mezcla, ciencia y arte tienen que ir de la mano, gracias de verdad a a las dos.

Cuando relea Las uvas de la ira, os recordaré...

;-)

Ricardo dijo...

Que edad más bonita y complicada a la vez, ni niños ni adultos. Mi hijo mayor tiene dieciseis años, en unos meses empezará 2º de bachillerato y, a menudo, si lo miro o escucho hablar con sus amigos, no puedo evitar sonreir. Todo es blanco o negro, sin apenas grises, sin claroscuros y, de repente, aparecen los colores, (chillones por supuesto), luego otra vez el blanco y el negro y así todo el día. Maduros a ratos e inocentones el resto del tiempo. Pero que divertidos son y como ríen. Por eso, cuando leo historias como ésta me siento bien y recuerdo a mis maestros, a unos con más cariño que a otros. Creo que la profesora de la historia es de las que dejarán huella y estaría bien que algún informático geniecillo descubriera un método que permita hacer un "copiar y pegar" válido para las personas y así podríamos repartir a gente tan estupenda por las diferentes escuelas, como si fueran cromos.
Por cierto, me encantan los chistes que pones. Este último es muy bueno.
Un saludo.

lammermoor dijo...

Gracias, Maribel por la parte que me toca. Ultimamente he podido comprobar (a pequeña escala) lo duro y frustrante que es a veces la enseñanza pero también lo gratificante que puede ser
Y sí,ciencias y letras se necesitan y van de la mano, aunque haya gente que no lo quiera ver.

Ricardo también yo creo que muchos alumnos recordarán a esta profe. Y estoy convencida de que hay en muchos otros institutos y colegios profes como ella. ¡Seamos optimistas!
Gracias por lo de los chistes. Procuro cuidar las imágenes y la ironía y el humor son buenas formas de acercarnos la realidad, sobre todo cuando es un poco "cruda".