jueves, 11 de julio de 2013

De uno en uno, de dos en dos.

Durante los meses de abril a junio decidí que para evitar situaciones como esta  esta vez iría leyendo los libros de uno en uno; al final, terminé haciéndolo de dos en dos pero eso tampoco está tan mal  ¿verdad?

El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson. Lectura de abril del club de lectura de la Esfera. Me gustó el repaso que da a la historia del siglo XX y la visión tan poco ortodoxa y muy humana de los grandes líderes de esa época.

Mujer leyendo una carta, de Vermeer
El pensionado de Neuwelke, de José C. Vales. Un libro con el que me las prometía muy felices –me encanta la literatura gótica, Orgullo y Prejuicio y también las menciones a la jardinería- Sin embargo, el ambiente algo opresivo de la novela (o eso me pareció) unido a mi estado de ánimo bastante bajo hicieron que me costara mucho leerlo. Tanto fue así que después de haber renovado el préstamo y haber rebasado con creces el periodo de gracia para la devolución, no pude terminarlo. Lo dicho, no era el momento adecuado.

Un paraiso inalcanzable, de John Mortimer. Casi podría calificarlo de libro medicina; ¿Qué es lo que lleva a un sacerdote socialista a nombrar heredero a un lider conservador dejando de lado a sus propios hijos? La búsqueda de esta respuesta nos hará repasar la historia de los últimos cuarenta años de Inglaterra y también del partido conservador. Con un toque de humor inglés, el personaje de uno de los hermanos me recordó un poco al Lawrence Durrell que su hermano describe en Mi familia y otros animales.

Don de Lenguas, de Rosa Ribas y Sabine Hofman. Un libro escrito a cuatro manos y dos lenguas; sin embargo, nada de eso se nota cuando lo lees. Es una historia policiaca –Rosa Ribas es la creadora del personaje Cornelia Webber-Tejedor- pero a la vez es también una historia que destila amor por la lengua y la literatura. Ambientado en la Barcelona de los años cuarenta, se trata de un libro que se lee de un tirón.

Todo lo que era sólido, de Antonio Muñoz Molina.  Tal como os comenté, coincidió que estaba leyéndolo cuando el jurado del Premio Principe de las letras 2013 decidía otorgarselo al jienense.

Bridget Jones,Sobreviviré de Helen Fielding. Como decía en el título de la entrada que le dediqué, a veces lo único que quieres es reirte y con este libro lo conseguí.

En la orilla, de Rafael Chirbes. Un libro que en cierto sentido puede considerase como una continuación de Crematorio; o como el complemento al libro de Muñoz Molina. En él, Chirbes hace un repaso a los últimos años de España, a lo que nos llevó a esta crisis y las consecuencias que tiene. Chirbes demuestra no solo su espíritu crítico sino su maestría narrativa.

Los mares del sur, de Vazquez Montalbán. A excepción de El premio, que leí hace bastantes años, es este mi primer Carvalho –ya confesé que la serie protagonizada por Eusebio Poncela me marcó para mal con el detective. Es curioso ver como una novela escrita en 1979 es ya entonces tan crítica con la transición.

Por cierto, en el taller de lectura municipal (por eso lo leí) una de las bibliotecarias señalaba que Montalbán usaba la comida para definir a las personas. También señaló que frente a los otros detectives fartones (Jaritos, Montalbano, Caldas), Carvalho además cocina.

Hablar solos, de Andres Neuman. El círculo se cierra; el último, como el primer libro, es la lectura de junio del club los 1001 lectores. Un libro en que se reflexiona sobre la muerte y la enfermedad terminal y como enfrentarse a ella. Es curioso que en la charla en el Niemeyer Muñoz Molina hablara de que hay otro tipo de, el que supone enfermar; cuando te diagnostican, te conviertes en un exiliado A los pocos días leía:

“(…) desde el día que te dan el diagnóstico el mundo se divide en inmediatamente en dos, el grupo d ee los vivos y el grupo de los que van a morirse pronto, todos empiezna a tratarte como si ya no formaras parte de su club, ahora eres del otro, en cuanto me di cuenta no quise decirle nada a nadie, yo no quería compasión, lo único que quería era un pcoo de tiempo, en el trabajo, por ejemplo, si lo dices en el trabajo, los compañeros dejan de hablarte de sus problemas, dejan de pedirte cosas aunque todavía puedas hacerlas, dejan de comentarte los planes para el año que viene, en fin, te borran de los asuntos del club, no es sólo la enfermedad, los demás también te quitan el futuro (…)”

Para terminar otra cita del libro que  me dio mucho que pensar.

Busco a Gorer(…) localizo la cita, “hoy la muerte y el duelo son tratados con la misma mojigatería con que en el siglo diecinueve se trataban los impulsos sexuales”


Si queréis saber  por qué el rincón musical de hoy es el Caballero de la Rosa  tendréis que leer Don de Lenguas. Mientras

3 comentarios:

Samizdat dijo...

Con el pensionado de Neuwelke no sé si atreverme.

Acabo de ver que Don de lenguas lo tienen en una biblio cercana como juvenil

En cuanto a Carvalho le da igual que le cocinen o cocinar, con tal de fartarse...
La verdad es que de "Los mares del Sur" también me sorprendió lo crítico que es con la Transición supuestamente tan modélica, ¡y la receta de las berenjenas! (y eso que las gambas no me gustan demasiado)

lammermoor dijo...

¿Don de Lenguas en juvenil? A veces me sorprende como clasifican los libros.

Es cierto lo que dices sobre la transición. Llama aún más la atención porque la novela es de esa época.

El que tienes que leer es En la Orilla o al menos Crematorio. Vamos, que te recomiendo vivamente a Chirbes :D

Samizdat dijo...

Intentaré hacerte caso y leer a Chirbes. Me inclino por el otro, porque Crematorio vi la serie hace muy poco.