lunes, 7 de mayo de 2012

¿Todavía sueñan los niños españoles con infancias inglesas?

Hacía tiempo que había propuesto a Alice Silver que viniera como artista invitada. En lugar de hablarnos sobre  sus detectives favoritos -ya lo hace estupendamente en su blog- nos invita a traspasar el umbral de una puerta que nos hará viajar en el tiempo.

Entrada de la librería
En la Royal Mille (175, Canongate) de Edimburgo se encuentra una de las librerías más  evocadoras que he conocido. Se llama The Old Children’s Bookshelf y entrar en ella es como abrir una puerta mágica que nos devuelve a una infancia soñada y vivida a través de los libros.  

En sus estanterías descansan libros con maravillosas portadas, quizás también algo cursis, reflejo de su época. De autores como Enid Blyton, Richmal Crompton, Malcolm Saville y muchos más, la mayoría de ellos desconocidos para nosotros, probablemente nunca hayan sido traducidos. 

Allí estaban todos los cuentos y novelas que de pequeños nos hacían imaginar que eramos niños británicos. Viviamos en internados con nuestros amigos mientras aprendiamos a montar a caballo o a jugar al lacrosse y por la noche hacíamos guerras de almohadas... Emprendíamos aventuras por solitarios páramos o islas misteriosas acompañados de nuestras mascotas, cargando en nuestras mochilas cerveza de jengibre, sandwiches de pepinillos o pastel de riñones... Descifrabamos mensajes secretos, nos disfrazábamos... nos burlabamos de los mayores que siempre eran mucho más tontos que nosotros.  

Un padre y su hija  ¿para quién de ellos será el libro?
También libros de profesiones como aquellos que nos hacían soñar con ser enfermeras, periodistas, azafatas (que por aquel entonces era todavía una profesión glamurosa)... En aquellos libros todavía no había doctoras o astronautas.

Delante de las estanterías estaban los niños británicos, ahora con muchos más años, acariciando los lomos de los libros, ojeando... Enseñando a sus hijos, que probablemente disfruten más con su Nintendo, los libros que también iluminaron su infancia. 

Pienso en J.K. Rowlin, escribiendo su Harry Potter en los cafés de Edimburgo, sobreviviendo gracias a una subvención, creando un héroe que consiguió que padres e hijos por fin encontraran un puente que uniera sus sueños.

Podéis visitar la página web de la librería: http://www.greyladiesbooks.co.uk/pages/shop.html

Un rincón musical muy acorde con el tema de la entrada, la canción de cabecera de la serie  Los cinco

(Fotografías realizadas por Alice Silver)

13 comentarios:

Isabel dijo...

Qué entrada tan sugerente Lammermoor! y suscribo todo lo escrito por Alice, hasta los repugnantes pasteles de riñones tenían su atractivo. Y los arenques ahumados? qué maravillosas lecturas, los libros que aún conservo están tan sobados que dan pena porque soportaron montones de relecturas mías y de mis hermanas. Respecto a si los niños españoles aún sueñan con infancias inglesas, creo que no, salvo como indica Alice muy acertadamente por la irrupción de Harry Potter. Mis hijos para mi desconsuelo, no han leído mis libros juveniles, nunca les han interesado a pesar de mi insistencia, reconozco que ellos han disfrutado de otra serie de libros más atractivos para su vista, que no para la mía.

Amando Carabias María dijo...

Lástima no haber leído este artículo hace año y medio, por ejemplo, mientras seguíamos el rastro de Sophie por Edimburgo.
Cuando una entrada hace referencia a Enid Blyton, me ha ganado para siempre, crecí con "Los cinco"

Elena Rius dijo...

¡Bonita entrada! Muy evocadora sobre todo para los que en efecto crecimos leyenda a Enid Blyton y a Richmal Crompton, soñando con agua de regaliz (que debía de ser asquerosa, me temo) y té con scones. Ese encanto es difícil trasladárselo a los niños de ahora, que tienen otros mitos.

loquemeahorro dijo...

¡Yo también quería ser inglesa! Y eso que no soy seguidora de esos libros infantiles, pero sí lo conozco muy bien por parte de la inefable A. Christie.

Y quería probar sandwiches de pepino (los probé hará dos meses), y hasta vivir en un internado (que tantos traumas ha causado en el mundo real) parecía divertidísimo.

Qué ganas me han dado de ir a esa librería, y de tomar el té, y sobre todo, lo que acompaña al té.

Susana dijo...

Me ha encantado el artículo y sobre todo el título. Es curioso, yo no leía ese tipo de libros, de los cinco y así, yo de niña era lectora de tebeos, pero lo que si me ha acompañado siempre han sido las ilustraciones de Dickens que había en un libro en casa de mis padres.

Luego supongo que de alguna forma la respuesta también seria sí. :D

lammermoor dijo...

Isabel a mi los pasteles de riñones me parecían lo más, como la cerveza o las galletas de jengibre.
Estoy con vosotras en que los niños españoles dejaron de soñar con infancias inglesas hasta que llegó Harry Potter.

Amando aquí hay unos cuantos que crecimos con Enid Blynton.
Edimburgo es una ciudad preciosa; ahora tendré que volver para traspasar ese umbral mágico. :D

Elena este es un paseo por nuestra infancia. Me gustaría saber por que "calles melancolía" se pasearán los niños de hoy.

Natalia D. dijo...

Que entrada más evocadora; pensar en las lecturas de la infancia me produce todo tipo de sensaciones. Me sigue apasionando leer, pero la emoción inocente y fresca con la que me enfrentaba entonces a cada libro nuevo; esa ya no volverá…
Si, es verdad, somos muchos los españolitos, ya de una cierta edad, que tuvimos una infancia muy británica. La mía estuvo marcada especialmente por Enid Blyton, Dickens, Stevenson y Walter Scott. En cambio no leí a Crompton ni a Saville. Y que envidia me ha dado ver las fotos de la librería, con esas estanterías repletas de libros; he estado a punto de salivar como los perros de Pavlov (algo que nunca podrán producir los libros electrónicos).

Boga Vante dijo...

Evocador el artículo de Alice, aunque lo sea con autores e historias de una generación a la que llegué como acompañante. Quizás por ello no me resultan ajenos. Ni tampoco, sea cual sea la edad, la posibilidad de vivir otras vidas que la propia, casi siempre en compañías a la medida de nuestra necesidad. aunque infancia y adolescencia sean más permisivas con los sueños.

Observo el espacio y los estantes y sigo pensando en las librerías como lugares que nunca te defraudan, aunque solo sea como visitante o, llegado el caso, como antagonista de una librera con unas ideas desgastadas sobre cuentos infantiles.

Ese puente metafórico del final del artículo, siento que se extiende también entre quienes compartimos el amor por la lectura.

Y sí, yo seguiré hasta el resto de mis días reclamándome inglesa de adopción... en mi caso por amor a la Christie.

Otra idea más, lammermoor, que hace de esta casa un lugar de visita placentero. Gracias.

Alice Silver dijo...

Gracias Lammermoor por publicarlo.

Isabel, a mi me pasa lo mismo con mis sobrinas, se les caen de las manos los libros de Los cinco o de Torres de Mallory, a mi pesar.

Amando, yo también adoro a Enid Blyton, pese a que haya sido tan criticada últimamente. Creó unos universos difíciles de igualar.

Elena, yo a Crompton lo he descubierto de mayor, pero tanta gente me ha hablado de él que quería incluirlo. El agua de regaliz no la conocí... pero sí el zumo de zarzaparrilla de Los pitufos :).

Loque, yo probé también los sándwiches de pepino (contigo, por cierto) pero con el pastel de riñones no me he atrevido. Y sí, cualquier parecido de los internados de Blyton con lo que luego cuentan algunos escritores sobre sus infancias es mera coincidencia. Y hace poco leí que el mundo se dividía entre bebedores de té y de café. Yo creo que soy de café, que por cierto bebo desde mi más tierna infancia, ahora seguro que denunciarían a mis padres.

Susana, quise hacer un remedo de "Sueñan los androides..." de Philip K. Dick pero creo que no le acabé de coger el punto. Como también comentan Loque, Natalia D. y Boga el referente "british" ha ido más allá de los libros que menciono, los clásicos o de A. Christie... también echaban entonces muchas más series de la BBC o de Thames TV...

Natalia D, creo que los libros de Saville me los regalaron porque los confundieron con los de otros personajes de Blyton, la pinta era la misma. En esa época no leí a los clásicos, salvo en ediciones abreviadas, recuerdo con cariño la de La pequeña Dorrit... Yo todavía conservo la ilusión cuando abro un libro nuevo... aunque la mayoría de las veces desaparece en unas pocas páginas...

Boga, los libros siempre nos hacen soñar, aunque cada generación tenga sus sueños. Esta mañana mi madre me contaba que soñaba con ser rubia y pastorcilla :)

Ahora me da por pensar que quisimos ser niños ingleses y jóvenes norteamericanos.

lammermoor dijo...

La decepción que fueron para mí los sandwiches de pepino -que no me gusta nada- cuando los vi "en vivo y en directo".
En cuanto a Crompton recuerdo cuando quería buscar uno de los libros de Guillermo para regalarselo a mi ahijado y la chica de la librería se desesperaba diciéndome que los crios de ahora preferían otros libros.

Y aún tengo en casa La pequeña Dorrit-un día de estos saldrá en el blog.:)

Boga es un gusto verte por aquí; ya sabes que siempre eres bienvenida.

Y como siempre me lío a escribir y se me olvida lo más importante, que es darle las gracias a Alice por aceptar mi invitación y compartir con nosotros este paseo nostálgico. Me ha encantado la entrada y las fotos son preciosas.

Alice Silver dijo...

Lammermoor, es que fuera de España hay una afición por el pepino un tanto incomprensible :). Para una ensaladita, un gazpacho, incluso un tzatziki tiene su aquel pero eso de hacerse bocadillos...

Buscando redimir mi desconocimiento de Guillermo visité varias librerías de viejo, encontré uno que se llamaba Guillermo y los cantantes ye-ye, lo compré sólo por el título.

bibliobulimica dijo...

¡que bonito artículo!

Aquí en México el pepino se sirve como botana, junto con la jícama, con chile, sal y limón.

Y acompaña los ceviches (platillo que se hace con pescado cocido en limón -ahora se cuece un poco con agua, ajo y sal- con jitomate en cuadritos, cebolla cruda, pepino, cilantro y chile verde (¡riquísimo para ahorita que hace tanto calor!)

O hacemos agua de limón con pepino ¡super diurético!

Yo no quería ser inglesa, sino gringa (es lo que nos llegaba por acá: literatura del país del águila calva)

Un beso,
Ale.

Alice Silver dijo...

Pues nunca se me ha ocurrido echarle pepino a mi imitación del ceviche Ale, lo probaré. Y supongo que nosotros también quisimos ser gringos... Había otras series de libros de familias felices que resolvían misterios: Los Hollister y Los gemelos y la mayoría del cine y la televisión también venía de allí.