sábado, 12 de mayo de 2012

Arquitectura milagrosa

¿Casualidad? ¿Premonición? Fuera como fuera, la publicación de  esta entrada que llevaba tiempo escrita y programada, coincide con la concesión, esta misma semana, del premio Príncipe de Asturias de las Artes 2012 al arquitecto Rafael Moneo. 


Con ese título es fácil adivinar cual es el tema que se aborda en el libro; el subtítulo, Hazañas de los arquitectos estrella en la España del Guggenheim, disipa las posibles dudas.  Su autor es un periodista que lleva muchos años escribiendo sobre arquitectura.

 LLàtzer Moix  nos habla de los ejemplos más relevantes  de esa arquitectura  estelar que ha proliferado en España en los últimos años. Desde el caso Bilbao  -que fue el detonante- pasando por el binomio Valencia-Calatrava, la Expo de Zaragoza, la  Ciudad de la Cultura santiaguina o el efecto contagio que se ha producido entre los bodegueros españoles.

  Resulta interesante leer sobre los diferentes problemas de ingeniería que muchas de estas obras tuvieron que resolver o  sobre como se concibieron (justamente unos días antes de leer el capítulo sobre Santiago había visto en Discovery un programa dedicado a esa obra) Pero  sobre todo me ha gustado por las reflexiones  e interrogantes que la  lectura me ha planteado.

Edificio de Calatrava en Oviedo
  Una de las primeras cosas que se me ocurre es que los participantes en esta embriaguez arquitectónica son, además de los políticos (todos los alcaldes y presidentes de comunidades buscan su particular pirámide de Egipto), los propios arquitectos. Los unos porque quieren un símbolo que les de “eterna gloria” y muchos votos (sobre todo esto último); los segundos porque en aras de su prestigio o de engrosar su cuenta corriente, dejan de lado elementos fundamentales como el entorno en que se construye la obra o la función de la misma. 

   Hay un capítulo dedicado a Valencia y a Santiago Calatrava. En él menciona, no solo los sobrecostes –algo que va ligado a todas estas construcciones- sino los problemas de viabilidad de los proyectos diseñados por él y me acordaba de que ha sido imposible hacer que la visera que cubre  “nuestro” calatrava, pueda bajarse.  Eso por no hablar de la accesibilidad a las oficinas –tan solo hay unas puertas minúsculas en los laterales- o de lo  “enredoso” que resulta el centro comercial.

  Hay una tercera pata en este banco: los jurados - este tipo de intervenciones suelen venir precedidas por un concurso de ideas-  Que las presiones existen no lo dudamos; que hay ocasiones en que el concurso es un mero paripé lo sospechamos, cuando no es un secreto a voces. Menciona un caso en que el presidente del jurado se las arregló para dejar fuera de la lectura del acta, un voto particular ¿Cuántas veces sucede esto? Es más, ¿cuantás veces la decisión está adoptada antes de reunirse?

  Otro elemento sobre el que me hizo reflexionar es que muchas veces estos arquitectos se dejan llevar por el diseño y se olvidan de la ejecución. Ese dicho de El papel lo aguanta todo, es muy pertinente aquí (pienso ahora en el capítulo de Zaragoza y en el pabellón–puente de Zaha Hacid). Aceptemos, aunque me cuesta,  que el arquitecto no tenga en cuenta ni el entorno en que irá su obra ni la función de la misma pero que no sea consciente de que su proyecto debe ser ejecutado me resulta más difícil de entender.

Centro Niemeyer en Avilés
   Esto me lleva a una reflexión paralela: el peso que la ingeniería tiene en la arquitectura contemporánea . No solo  en casos como el del Pabellón-puente de Zaragoza -al fin y al cabo los puentes siempre han sido construidos por ingenieros- sino en otros como el de CaixaForum-Madrid (un edificio que siempre me ha gustado aunque el jardín vertical está deteriorado y merecería  ser saneado).

  Queda un último punto que debería ser tenido en cuenta y es el de los costes; los de construcción, empezando por los honorarios del arquitecto estrella, que suelen ser muy elevados y superar siempre el presupuesto inicial  y otros que no son evidentes a primera vista pero que deberían ser también tenidos en cuenta - especialmente cuando se trata de obra pública- , los de mantenimiento.

  En realidad hay otro elemento muy importante -básico, diría yo- y que en demasiadas ocasiones, por no decir siempre, se pasa por alto; la planificación y la integración de ese edificio emblemático dentro de un proyecto más amplio y con una función definida previamente.  Tal como dice Juan Ignacio Vidarte en el primer capítulo del libro  algunos piensas que un museo u otro tipo de edificio firmado por un arquitecto estrella garantiza el renacimiento de una ciudad en crisis. Y esto no es así” (…) “La arquitectura (…) no reune siempre los poderes de una varita mágica. Carece, por sí sola, de un valor taumatúrgico. Pensar lo contrario supone  efectuar una lectura equivocada del caso bilbaíno. Conduce al error. Para que todo funcione bien, además de arquitectura de calidad hace falta acuerdo sobre los contenidos del nuevo equipamiento y sobre la función que debe cumplir para contribuir al desarrollo colectivo (…)

   No estoy segura de que sea un libro que guste a los arquitectos pero en cualquier caso me ha parecido cargado de sentido común, muy interesante y desgraciadamente, demasiado cierto; sin necesidad de llegar a los arquitectos estrellas, hay cientos de casos en que los políticos creen que con el respectivo continente (pinacoteca, museo, centro cultural, ….) ya no hace falta más y han conseguido su centro de referencia nacional o internacional.


Ya que hablamos de arquitectos estrella el rincón musical está dedicado a los Superstar

9 comentarios:

Susana Hernández dijo...

Muy interesante parece este libro que nos traes. Teniendo en cuenta que veo las grandes obras de la Expo de Zaragoza sin utilidad alguna... la verdad es que creo que todo está relacionado con el despilfarro de los tiempos de mentirosa bonanza en éste país, Unido a todas las demás razones que expones en la entrada.

Un abrazo!

lammermoor dijo...

Sí que lo es Susana porque el libro es más que un reportaje sobre la arquitectura "milagro" en la España de los últimos años, es un reflejo de esta sociedad española que era, ahora menos, pura imagen y fachada y "pelotazo".
Ay, si te contara la cantidad de edificios y centros emblemáticos que se están estropeando aquí en Asturias, cerrados y sin uso varios años después de su construcción y que ni siquiera llegaron a estrenarse.

lammermoor dijo...

Un par de cosas que no incluí en la entrada para no extenderme demasiado. Qué conste que no critico el afán de los arquitectos en la búsqueda de nuevas formas y diseños.

Y en el capítulo de Zaragoza se menciona el pabellón que hizo Patxi Mangado como ejemplo de arquitectura completamente opuesta. Lo estuve buscando en internet y particularmente me gustó mucho.

mientrasleo dijo...

El centro Niemeyer me parece precioso, una pena que lo veo poco aprovechado. Pero ahora con luz tiene que estar espectacular,
Besos

lammermoor dijo...

Mientrasleo me temo que el Niemeyer es otro resultado de los egos de algunos asturianos.
Todavía esta tarde pasé cerca de él. Uno de los problemas que le encuentor es que en los días de niebla y grises (que aquí son muchísimos) casi no se percibe.
Eso sí, en las distancias cortas, cuando estás en la plaza del centro gana muchísimo. :)

Natalia D. dijo...

Que interesante debe de ser el libro y que interesantes tus reflexiones… Curiosamente la lectura de esta entrada ha coincidido conque llevo unos días buscando un libro que leí hace tiempo (“El manantial” de Ayn Rand, que también incide en el significado de la arquitectura a través de su protagonista, basado en la figura de F. Lloyd Wright).

lammermoor dijo...

U, Natalia tomo nota del libro. Otra curiosidad, hace unos días Iciar de Los mil y un libros publicaba una reseña sobre La Rebelión de Atlas,de la misma autora.
Ambos los tienen en la biblio ;)

maribel dijo...

Hola Lammermoor reflexiones interesantes al hilo de un texto del que yo recuerdo más el subtítulo, ¿por qué será?, jejeje.

Además de caso de estudio, y de haber seguido de cerca, el llamado "efecto Guggenheim", después de 15 años de construcción del museo no puedo estar más de acuerdo con el director ,J.I. Vidarte: no hay varita mágica.
Bilbao se ha convertido hoy en una pasarela de la arquitectura, donde Moneo, Calatrava, Siza...compiten con el edificio de Ghery ( no siempre exentos de polémica como la pasarela de patinaje del puente de Calatrava...o las corrientes en el aeropuerto diseñado por él...)

No vale forma sin fondo, el entorno condiciona nuestras vidas, el arquitecto diseña ciudad, espacios para convivir...

Hoy mas que nunca necesitamos "Design Thinking", un diseño inclusivo, sostenible, que potencie valores y ventajas existentes. Icono, imagen, premios, si, aunque no en detrimento de la funcionalidad.

Vaya, me ha salido como una proclama...lo cierto es que es para hablar largo y tendido, si es viendo estas obras que nos enseñas, y no conozco, o enseñandote en directo las de Bilbao, mejor.
(Ya, ya sé que tienes viajes en mente interesantes, aunque igual los guisantes te visitamos...)
Un abrazo ;-)
El Guisante Verde Project

lammermoor dijo...

Maribel hice un comentario fusión en la otra entrada. Pero bueno, como te decía creo que el libro de Zumthor te encantaría.
Pues sí, diseño, imagen, figuras de referencia son importantes pero si junto a ellas se tiene en cuenta la funcionalidad y un proyecto integrado y una planificación.
algo que comenta el autor en el libro es que por parte de los "clientes" también hay que tener claro lo que se quiere y de esos hay pocos. El tema daría para mucho. La arquitectura (y la sociedad) debe reconducirse; a ello va a ayudar la crisis actual que ha hecho que los dispendios se hayan terminado.